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El jardín perfecto

En numerosas ocasiones, al hablar con los clientes en el momento del proyecto del jardín, aparece la idea de la inmutabilidad. Muchos clientes esperan de un jardín que en el momento de la finalización de su plantación tenga ya el tamaño final de proyecto, que no tire hojas, que no haya que recortar y que las plantas y elementos incorporados por alguna característica estacional la mantengan permanentemente. Esperan lo mismo de un jardín que de un salón y su mobiliario.

Muchos de los elementos que componen un jardín están vivos y, como todo lo vivo, cambian.

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Aceptado y asimilado este hecho, se puede hacer un proyecto de jardín adaptado a los gustos y necesidades de su propietario. Un jardín que cambie y evolucione, que “se mueva”, o bien un jardín que sea una pura geometría cuyos elementos vegetales sirvan a este fin y que sean parte de una arquitectura al servicio de una idea o de un uso.

En cualquiera de ambos casos, o de todos los posibles tipos o estilos de jardín, el futuro propietario del jardín tendrá que asumir la necesaria paciencia para que el tiempo, elemento fundamental, contribuya a realizar su propósito.

Y en cualquiera de los casos tendrá que contar con que será imprescindible un  mantenimiento del jardín que haga posible llevar a buen término el proyecto ideado. La forma de este mantenimiento (tiempo, coste económico, necesidad de materiales y herramientas) será consecuente con el proyecto de jardín que se haya elegido. Y es una de las cuestiones más relevantes a tener en cuenta a la hora de su diseño.

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