Hoy queremos contaros uno de los proyectos que estamos a punto de dar por finalizado: un jardín en Fresno del Torote, al este de Madrid, proyecto que comenzamos en abril del año pasado a partir de una parcela completamente vacía.
Cuando los propietarios contactaron con nosotros, estaban a punto de dar un giro radical a sus vidas. Cercanos ya a la edad de jubilarse, habían decidido dejar atrás el bullicio de la ciudad para reinstalarse por fin en el lugar que siempre habían soñado: una casa con terreno en una zona tranquila donde disfrutar de las noches estrelladas en verano junto a sus amigos. Huir de la ciudad tiene esas ventajas, lejos de la urbanización las noches son oscuras, frescas y tranquilas. A todo ello se le sumó el deseo de tener un jardín y un espacio para crear y cuidar una huerta familiar, y una piscina en la que refrescarse.

Con esta premisa, lo primero que hicimos fue estudiar las características de la parcela. El terreno hace una pendiente, que aprovechamos para dividir la parcela en dos mitades: la de arriba para la vivienda, y la de abajo para la huerta. Ambas mitades fueron separadas por un talud y se crearon dos grandes espacios aterrazados. A partir de aquí, trabajamos en tres zonas diferenciadas: el jardín que rodea la casa, la zona de la piscina y la huerta.
El diseño que ideamos pretendía resaltar la zona de la entrada, tanto el acceso de vehículos como el camino peatonal. Escogimos una selección de plantas herbáceas y arbustivas de porte pequeño y medio, que otorgan color e interés visual. Dispusimos esta plantación frente a un seto de forma irregular compuesto por Forsythia x intermedia, Viburnum lucidum, Cornus alba y Photinia. Con el tiempo y una vez crecido y con una estructura sólida, este seto cumplirá la función de ocultar el muro que limita con la calle. A ambos lados de las escaleras se trazó una hilera de Myrtus communis y Teucrium fruticans, cuyas distintas tonalidades de verde y el color de sus floraciones contrastan de forma atractiva. La intención es mantener estas especies podadas en formas esféricas, reforzando el orden y la armonía del diseño.

Una vez tuvimos el diseño plasmado, lo siguiente fue acomodar el terreno. Preparamos unas nuevas terrazas contenidas a su vez por muros de hormigón embellecidos en blanco, en línea con la fachada y la arquitectura de la vivienda. El sustrato original del terreno era de una arcilla demasiado compacta para la plantación y no iba a dar buenos resultados. Por tanto, añadimos una capa espesa de tierra vegetal enriquecida, la cual posteriormente cubrimos con una malla antihierbas para facilitar el mantenimiento. Finalmente, se colocó una capa de seis centímetros de piedra triturada de color rosa valencia, cuya principal función es la de mantener la humedad en todo el terreno, además de facilitar la limpieza y aportar un toque estético.

Un segundo muro de contención nos permitió crear una plataforma al mismo nivel del vaso de la piscina, la cual rodeamos de una pradera de césped artificial, según expreso deseo de los propietarios. Entre la pradera y el muro, proyectamos una plantación de laurel (Laurus nobilis) y gramíneas a diferentes alturas, que aportan ritmo, movimiento y contraste.
Con la idea de que esa zona junto a la vivienda iba a ser el lugar principal de reunión con sus amigos, se delimitó una zona protegida con una pérgola además de una esquina que contuviera una cocina exterior, creando así un espacio de encuentro ideal en el que relajarse. Todo ello acentuado por unos rosales, los favoritos de la propietaria, que se unen a las jardineras de la entrada, creando un continuo que acompaña visualmente.
La zona trasera, después de nivelarla respecto a la piscina, se cubrió con una extensión de cinco metros de anchura de césped natural, que queda separada del césped artificial por una línea de arbustos. A su vez, esta línea de arbustos demarca la terraza y da continuidad a la zona de reunión bajo la pérgola.

Al final de esta pradera natural, se plantó un olivo de gran presencia, que no sólo cierra con fuerza la perspectiva del jardín, sino que también se convierte en un referente visual desde la entrada de vehículos. A partir de ese punto, un sendero conduce hasta la casa de aperos, elemento necesario para trabajar la terraza de la huerta. Este camino está enmarcado por una doble hilera de almendros y ciruelos, cuya floración primaveral llena el paisaje de blanco.

En el centro del camino que conduce a la casa, una pradera de Sedum aporta textura y color al recorrido. Finalmente, en la parte baja del talud que separa el jardín de la huerta, se ha plantado un pequeño vergel de frutales en doble línea, que funciona como cierre natural del jardín e inicio de la huerta.

Tras más de un año de trabajo, los propietarios están a punto de disfrutar plenamente de su jardín. Este trabajo ha precisado un estudio completo del terreno, y un diseño complejo para integrar todas las posibilidades que ofrecían las distintas zonas disponibles, sumado a los deseos de los propietarios.
En Alnus Paisajismo y Jardinería tenemos amplia experiencia en el diseño paisajístico, de forma que nuestro trabajo cumpla con creces vuestras expectativas. Si tú también quieres hacer realidad tus sueños, no dudes en ponerte en contacto con nosotros, estudiaremos tu caso para ofrecerte el mejor diseño. Este verano, ¡regálate un jardín!